sábado, agosto 12, 2006

INOLVIDABLES FIESTAS DE GODELLA

¿Dónde vamos?
Decidimos quedarnos en la Parra para dar una vuelta por los toros.
Amparo que llega, Sandra que se va...
Nos acercamos a ver los toros desde la barrera, la Little Nas por allí rondando, saludamos a unos cuantos y encierran al primer toro.
Salimos a la plaza, dudamos entre ir por el medio hasta el pilón y ponernos en la placeta o volver a salir a la calle y alcanzar una ruta más segura contra las adversidades.
Finalmente pasamos por el medio de la plaza, llena de gente, sin peligro aparente porque el próximo toro lo sacan dentro de media hora y justo de cara hacia donde íbamos nosotras.
Yo voy delante, a mis amigas les pierdo la pista, aunque vienen justo detrás de mi, pero no se en que orden.
De repente, muuuy de repente, la gente empieza a gritar.
Nos giramos y vemos a todo el mundo corriendo.
¡MIERDA, EL TORO!
No pasa ni una décima de segundo cuando veo que Amparo aterriza de cabeza en el suelo, alguien araña mi hombro derecho y de reojo veo a María haciendo marcha atrás a recoger un zapato.
No habían corrido ni dos zancadas y ya estaban en el suelo.
Yo ya imaginaba el primer y único entierro al que iba a asistir en mi vida, el mío.
El chico de delante subido a una reja de ventana, yo mirando impasible pero apurada la puerda de metal que se alzaba ante mis ojos, imposible de escalar...
No había lugar donde meterse.
Mis amigas se levantan ante la risa de medio pueblo, que les preguntaban que qué hacían, que el toro no venía por ningún lado.
Yo todavía no me había movido del sitio, con estudiar la manera de escapar de esta no me dio tiempo a reaccionar.
Amparo se pone el zapato.
La gente vuelve a chillar.
Otra vez a salir corriendo.
Por fin llegamos a la placeta, nos sentamos en un banco a que se nos pasen los temblores y nos entra la risa padre.
María con el pie en carne viva, Amparo con el brazo y yo con el alma colgando de un hilo.
Lo que más ha nos ha dolido ha sido la garganta de tanto reir.
Nos vamos a casa a curarnos y cambiarnos de ropa.
Pensabamos que nadie se había dado cuenta, pero al volver vemos que si, la gente nos pregunta que qué nos ha hecho el toro...
Sandra, menosmal que tu ya estabas durmiendo, porque te augurabamos una caida y un muy mal humor durante el resto de tus días...
Per a cagar-se i no torcar-se.