LA CARA NO ES SIEMPRE EL ESPEJO DEL ALMA
Tras un café con leche sin descafeinar, la mujer de hielo, hierro y acero tomó una gran decisión en su vida.
Iba a por todas y a todas las consiguió...
Su alma de cántaro no se refleja en su cara de agotada, de ser así, esas ojeras y párpados caídos consecuencia de trasnoches y lujuria se tornarían en piel firme a causa de sus grandes triunfos.
Orgullosa de su nuevo yo, no duda ni un instante en seguir rompiendo esquemas.
Ella sabía que repetiría y seguirá repitiendo muchísimo tiempo más.
Ahora ya no se juega con las cartas de los demás sino con las suyas propias, marcadas y con varios ases debajo de sus anchas mangas.
Feliz ella, ninguno de sus elementos se derrite ni un ápice, todo lo contrario, el hielo de su piel quema cada vez más, el hierro de su mente pesa sobre los demás y el acero de sus ideas dista de fundirse o confundirse entre tanto metal ajeno.
Rodeada de chatarra reluce así una vez más su gran corazón de oro.
